martes, 10 de marzo de 2009

JUAN CAMISÓN
(1922, Epinac-les-Mines-2008, Cáceres)



Si Juan Camisón aparece en estas páginas, no lo hace desde su condición de padre, sino desde la del gran músico, acordeonista y folklorista del siglo XX que fue en la provincia de Cáceres, ya que sobrados méritos tiene para ello.
En efecto, nadie como él ha sabido llevar la música de acordeón por todos los rincones del norte de Cáceres durante más de los 50 años en que permaneció en activo. Ni ningún otro acordeonista ha trasmitido sus conocimientos a tantísimos alumnos como él hizo a cuantos, en su día, quisieron aprender su arte y su especial modo de tocar el acordeón.
Nacido en Epinac-les-Mines, en el Creusot, en Francia, en el año 1922, donde su padre, José Camisón, trabajaba como minero, pronto se vio obligado a cambiar de residencia y se trasladó a París con su padre y con toda la familia. Allí, en el entonces populoso barrio de Auvervilliers, exactamente en el número 13 de la Rue des Grandes Murailles, pasaría su niñez mientras su padre se ocupaba, esta vez, de la platería en el mismísimo Hotel Bristol de París, y su madre, Benita Núñez, confeccionaba cascos militares sin saber que lo hacía para la inminente 2ª guerra mundial.
A los 8 años comenzó a ser instruido por el Profesor italiano M. Luiggi en el arte de la música seria: Branhs, Litz, Shubert, etc. Más tarde fue el francés M. Ferrero quien lo impuso en las melodías populares centroeuropeas, hasta que pudo, por su cuenta, acometer los valses-musettes, las polonesas, las polkas y las javas parisinas que estaban en boga en aquel tiempo en la capital del Sena. Eran tiempos en que en Montmartre y en Pigalle sonaba musique-canaille y el ambiente de los bailes populares se llenaba con la incomparable voz de Edith Piaff. Para que lo que tocaba Juan Camisón sonase como sonaba aquella música desgarradora, su padre le hizo traer de Italia un acordeón afinado en brillante que reprodujese los sonidos más nítidamente que los acordeones franceses. Se trataba de una RANCO GUGLIELMO. VERCELLI. Y ahí empezó todo... Yvette Horner fue sin duda quien le decidió a adoptar el acordeón de botón y no el de piano, pues veía en los dedos de esa mujer y en su manera de interpretar unas posibilidades de ejecución que el teclado de piano no daba ni de lejos, con todos los respetos de Aimable. Y aprendió y aprendió y aprendió... Y tocó y tocó y tocó, por la Villette, la Cour Neuve, Saint Denis, Saint-Ouen... Hasta que el inminente peligro de la 2ª Guerra Mundial, con el imparable ascenso de Hitler en Alemania y el peligro que ello suponía para Francia, decidieron a su padre a vender las ínfimas posesiones que tenía y a trasladarse a la tierra de sus padres, Torre de Don Miguel, en la provincia de Cáceres, un pueblecito de poco más de 1000 habitantes en aquella época que, si bien ofrecía pocas perspectivas de prosperar (nada parecido a lo que ya tenían en París), al menos garantizaba un refugio seguro para los malos tiempos que se avecinaban en Europa.
De manera que, a principios del verano del año 1936, deciden trasladarse a España. El viaje lo realizan por tren. Su hermana mayor, Margarita Camisón, de 19 años, lleva en el pelo y en la faja metidos todos los ahorros de la familia... Pero algo pasa en la frontera de Irún. Son detenidos. Alguien ha matado a dos jóvenes estudiantes esa misma tarde en un pueblo de al lado. No comprenden nada. La policía de la Aduana quiere incautarles ese enorme acordeón que traen consigo y que, de ninguna manera, pueden aceptar que la toque ese chico de catorce años que no se separa de ella ni un minuto. Lo hacen tocar. Ya es un virtuoso. Se quedan asombrados. Aquella noche no pudieron seguir el viaje hacia Ciudad Rodrigo porque los mismos guardias aduaneros lo llevaron a que tocase una y otra vez a los garitos de Irún, de San Sebastián, de Pasajes... Volvió ya bien entrado el día con los bolsillos llenos de dinero. Su padre estaba entusiasmado con la perspectiva que se presentaba, sin sospechar que acababan de salir de la ratonera de la Segunda Guerra Mundial para meterse de lleno en la no menos beligerante de la Guerra Civil Española.
En el pueblo ya, en Torre de Don Miguel, sobrevivieron al conflicto como pudieron, su padre de obrero con una rica solterona, la Señora Germana, su hermana y su madre haciendo jerseys para los militares de la ya comenzada contienda y él tocando en las tabernas del pueblo, tanto para la izquierda como para la derecha, a peseta el baile.
La notoriedad creció inmediatamente. A Juanito el de la Torre, como era ya conocido, lo llamaban de los pueblos de los alrededores... Pronto también de los de Salamanca y Portugal, cercanos a la raya. Tocaba en todo tipo de festejos: bodas, bailes, fiestas de quintos, de casados, de carnaval, mayordomías de santos...
En el año 1945 vuelve a San Sebastián. Vive casi dos años entre San Sebastián, Lesaka y Pamplona. Toca en los bares de la Parte Vieja de San Sebastián y de Pamplona. Allí contacta con los acordeonistas de la casa Larrinaga que lo nombran el mejor acordeonista de España. Ellos lo llamaban: Juanito el Extremeño. Casi todos los acordeonistas de la zona lo conocen. Para ellos, que tocan primordialmente acordeones diatónicos, es una novedad el acordeón cromático y la forma de tocarlo de Juanito el Extremeño.
En sus numerosas aventuras musicales conoció (y a veces hasta actuó para ellos) a Antonio Bienvenida, a Mercedes Vecino, a Lola Flores, a Manolo Caracol, a Tony Leblanc, a Mario Moreno Cantinflas, a la acordeonista María Jesús, la de los Pajaritos, de cuyo padre era íntimo amigo...
Pero fue compañero de correrías musicales, sobre todo, de Piro el de Coria por todo el norte de Cáceres, sur de Salamanca y lugares de la frontera portuguesa, de cuyos pueblos supo recoger la esencia de rico folklore: jotas, rondas de quintos, cantos de boda, charradas, cantos de matanza y pasacalles carnavalescos que incorporó enseguida a su repertorio francés hasta hacerlos casi propios por el aire especial y la particular modulación rítmica y tonal que supo siempre imprimir a sus interpretaciones. Algunas de las jotas que hoy se tararean o se interpretan, incluso por grupos folklóricos de reconocido renombre, son suyas, compuestas por él, aunque jamás las haya reclamado, en su afán desinteresado de enriquecer el patrimonio musical de la región. Ahí radica precisamente el verdadero espíritu del folklorista, en producir para el anonimato y dejarlo que el pueblo se apodere de ello y lo haga suyo.
...Y la admiración por aquella manera de tocar afrancesada, con un arrastramiento hasta ahora nunca escuchado en estas tierras cacereñas, con un sentimiento inaudito, con unos floreados y fraseados casi imposibles, con unos arpegios y un acompañamiento de bajos espectaculares, comenzó a crecer hasta generar en la cabeza de no pocos el deseo de ser acordeonista como Juanito el de la Torre.
Ya casado con Esperanza Fernández, abrió academia en Torre de Don Miguel. Y a hasta allí comenzaron a acudir jóvenes muchachos (y alguna chica que otra y otros no tan jóvenes) que quisieron parecérsele. De Gata enseñó a ser acordeonista a Angelito, el hijo de Mauricio, a su hermano chico, a José Solís, a Teodoro... De Torre de Don Miguel a Isacio y a su hermano Marciano, a Filiberto Pilili, a Feliciano, a Félix Solano, a Calixto el hijo del chófer de Ciudad Rodrigo, a Santi Herrera, a Eugenio Hernández, a Nicasio el hijo del Payenco, al hijo de Constante, a un batería que le acompañaba... De Payo a Antonio... de Peñaparda a Francisco... de Villasrubias a Antonio el Portugués, a su hermano el Forestal, al hijo del barbero.... De Torrecilla de los Ángeles a los Tarabillos: a Pepe, a Susi, a Aquilino... de Descargamaría a Faustino, a Teodoro, a un hurdano que allí vivía, a Salvador... De Robledillo a Alejo... De Santibáñez el Alto a José, a su hermana, a Federico.... De Ovejuela a.......... De Villasbuenas de Gata a Julián y a su hermano... De Cilleros a Antonio Obregón, a Faustino, al otro Antonio, a un batería que se llamaba Rafael... De Hernán Pérez a Domingo, a Primitivo, al Canario Hurdano... Del Cerezo a............ De Moraleja a Siso el del Saxo, a Marusa Gutiérrez... De la Moheda de Gata al Mirabeleño... De Villa del Campo a Ricardo, a Fausto, a su hermano... De Pozuelo de Zarzón a Pepe Font y a un batería... De Guijo de Coria a Juanito... De Calzadilla de Coria a Estanis, el de Marcelina... De Coria a Julián Solano, al Cano, al hermano de Piro,... De Plasencia a Félix el de Perales... De Mirabel a David, a Laura, a un batería.... De Robleda a Antonio... De Navasfrías a Amador... De Aceituna al Chato y al Taxista... De Perales a Félix.... De Sahúgo a.........De Bélgica a Miguel Ángel....
Durante años fue Juanito el de la Torre quien amenizó todos los festejos de Mirabel, Pozuelo de Zarzón y de Cilleros, pero tuvieron la suerte de oírlo interpretar al acordeón en casi todos los pueblos del norte de Cáceres: Acebo, Aceituna, Ahigal, Baños de Montemayor, Bohonal de Ibor, Cadalso, Calzadilla, Caminomorisco, Cañamero, Cañaveral, Carcaboso, Casar de Palomero, Casares de Hurdes, Casas de Don Gómez, Casas de Millán, Casas del Castañar, Casas del Monte, Casillas de Coria, Castañar de Ibor, Cerezo, Cilleros, Coria, Cuacos de Yuste, Descargamaría, Eljas, El Bronco, Galisteo, Gata, Grimaldo, Guijo de Coria, Guijo de Galisteo, Guijo de Granadilla, Hernán Pérez, Hoyos, Huélaga, La Moheda, La Pesga, Ladrillar, Las Mestas, Malpartida de Plasencia, Mirabel, Mohedas, Montehermoso, Moraleja, Navalmoral de la Mata, Nuñomoral Plasencia, Portaje, Pozuelo de Zarzón, Puebla de Argeme, Riolobos, Robledillo de Gata, San Martín de Trevejo, Santa Cruz de Paniagua, Santibáñez el Alto, Santibáñez el Bajo, Oliva de Plasencia, Palomero, Perales del Puerto, Pinofranqueado, Torre de Don Miguel, Torrecilla de los Ángeles, Torrejoncillo, Valdecañas de Tajo, Valdeobispo, Valencia de Alcántara, Valverde del Fresno, Villa del Campo, Villamiel, Villanueva de la Sierra, Villar de Plasencia, Villasbuenas de Gata...
En los de Salamanca: Grimaldo, El Bodón, Sahúgo, El Payo, Peñaparda, Robleda, Navasfrías, Villasrubias, Vitigudino; de Ávila, en Arévalo...; de Toledo, en Valdecasas del Tajo...; de Portugal, en Elvas, en Vilar Formoso, en Guarda, de donde se lo llevaron a Lisboa a tocar en el Chiado y de donde sólo las preocupaciones de su padre hicieron que volviera de allí..; en Badajoz, en los garitos de la Calle San Juan... Y todo eso en una época en que apenas si había carreteras abiertas para comunicar los lugares, por lo que la mayoría de los viajes había que hacerlos a caballo. Toda una odisea.
Y siguió y siguió sin desánimo hasta que los años se le echaron encima y empezó a decir no incluso a las propuestas más estrambóticas que le hacían... Y sólo dejó su oficio cuando estuvo convencido que yo, su hijo, ya no lo necesitaba para terminar mis estudios...
Muchas gracias por la alegría que llevaste a todos esos rincones donde mostraste tu arte. Nadie te ha olvidado. Gracias también por haber conseguido, con tu música y tu esfuerzo, recorriendo pueblos, carreteras y caminos en taxi, en motocicleta, a pie o a caballo (si a alguien le dijesen hoy que, a veces, cuando en invierno había crecidas y no existía aún puente sobre el río de la Rína, tenías que pasarlo con el caballo a nado, montado tú sobre él y con tu acordeón al hombro, ni se lo creería...), que todos, los que formamos tu familia especialmente, hayamos logrado ser un poco más felices, en el tiempo pasado en que pudimos escucharte y deleitarnos con tu música.
Juan José Camisón

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